Estoy empapada… en medio de un huracán. Sumergida, parcialmente, en aguas violentas. En una especie de pileta en un edificio en alto. El golpe del agua y el viento huracanado sobre mi cara me impiden ver con claridad lo que hay a mi alrededor.
A mi izquierda la furia del agua forma un rio violento arrastrando gente hacia mí. Al darme cuenta que mi vida corre peligro decido saltar hacia el agua para bucear hasta el otro lado en donde se encuentra un edificio en alto, estilo centro comercial, con más espacio y menos personas… con clima más tranquilo.
Salto al agua y buceo entre agua tan cristalina como un Tehuacán. Llego a la otra orilla y me doy cuenta que he perdido mis zapatos y parte de mi ropa. Le pregunto a unas mujeres instrucciones para llegar a un albergue.
Me encuentro siguiendo a un hombre. Me doy cuenta que todavía traigo mis anillos y mi reloj puestos por lo que supongo no me van a creer que soy damnificada. Veo a mi madre sentada en una cafetería… me da una orden y yo decido ignorarle, lo que provoca su furia verbal.
Decido salir de ahí. Ahora me encuentro huyendo en un auto en medio de una guerra. El viento y la lluvia no cesan. El lodo corre por las laderas con una textura, brillo y tonos que me parecen por demás hermosos. Los tanques de guerra parecen sacados de una película de Mad Max. Aplastando autos y destruyendo a todo el que se cruzara por su camino. Explosiones. Fuego. Choques.
Estoy en mi casa ahora. Ventanales grandes, habitaciones grandes, predomina el azul y el blanco. Me doy cuenta que hay gatos por todas partes y decido espantarlos y comenzar a cerrar las puertas para impedirles la entrada nuevamente.
Me visto. Tomo el teléfono para llamarle a mi esposo quien se encuentra en un viaje de negocios en el extranjero y no puedo hacer la llamada porque alguien me lo impide. Mi frustración por hacer esa llamada me vuelve violenta… verbal y físicamente en contra de esa persona.
Veo mi cama. Con mis perros durmiendo encima. Deseo recostarme. Olvidar todo por un segundo… y despierto.
|