opción para su familia y se mudaron a Villahermosa; en donde mi abuelo Saúl se propuso estudiar y se ayudó vendiendo periódicos y boleando zapatos. Logró terminar la preparatoria, pero él quería más. Mi abuelo quería ser abogado.
Acudió entonces al hombre que admiraba de toda su vida: el Lic. Francisco J. Santamaría quien, en ese entonces, era rector de la universidad. (El mismo Lic. Francisco J. Santamaría que luego llegó a ser Gobernador de Tabasco y fue autor de varios libros).
El Lic. Santamaría le discutió a mi abuelo sobre sus aspiraciones al argumentar que "los-de-su-clase" no debían pensar en carreras universitarias. Instó a mi abuelo a hacerse de un oficio al considerar que esa era una 'mejor opción' y, por ende, le obstaculizó la entrada a la universidad a mi abuelo quien, al verse sin posibilidades de estudios superiores - y sin mayores opciones - decidió que, efectivamente, necesitaba buscarse un oficio si quería salir adelante.
Mi abuelo Saúl advirtió que la distinguida escuela J. Jano Mitchell de Nueva York poseía instalaciones en Villahermosa por lo que decidió ingresar a ella como aprendiz de sastre.
Cuando se recibió como Sastre Cortador, mi abuelo ya se había hecho de un buen nombre en la comunidad por lo que le fue fácil abrir su sastrería y llegó a ser, no sólo el mejor sastre en la ciudad, sino famoso por su excelencia y calidad en manufactura y materiales. Su éxito le permitió abrir una tienda de ropa y artículos importados adicional a su sastrería. El cielo era el límite para mi abuelo Saúl quien siempre vestía de lino blanco. Siempre perfumado. Siempre elegante. Y a quien acudían de todas partes del estado de Tabasco a comprar o confeccionarse su ropa.
Al pasar de los años mi abuelo sopesó la idea de nuevos horizontes. Decidió vender todo e irse - con su esposa e hijas - a vivir a Nueva York, en los Estados Unidos de Norteamérica.
Comenzó entonces a hacer todos los arreglos necesarios para su partida. Sus nuevos horizontes se vieron estropeados al iniciarse una guerrilla en Tabasco. Una guerrilla entre dos bandos que se hacían llamar a sí mismos Los Rojos y Los Azules.
Encabezados por Tomás Garrido Canabal, el movimiento de Los Rojos le confiscó su tienda a mi abuelo para exigirle la confección de los uniformes de los soldados de dicho movimiento coartándole, en cierta forma, su libertad y abusando fuertemente de su modus vivendi - a tal grado - que casi provoca que mi abuelo entrara en bancarrota…
Cuando terminó la guerrilla entre Rojos y Azules, mi abuelo volvió a comenzar a levantar su negocio - una vez más!
A mi abuelo le llega un día la noticia que un corto circuito, en un local adyacente al suyo, había provocado tal incendio que su sastrería se había quemado. Como hombre previsor que era, mi abuelo estaba asegurado ante cualquier siniestro por lo que recibió la indemnización por parte de la aseguradora y decidió comprar un terreno para - en un futuro - construir su nueva y mejorada sastrería. Con la tienda de sus sueños.
Mi abuelo, siendo un hombre tenaz y con grandes ambiciones logró levantar su negocio. La vida le sonreía y fue afortunado al ganarse el premio gordo de la lotería en 1951 por lo que sus planes, y sueños, se hicieron realidad antes de lo que él esperaba.
Con ese dinero comenzó la construcción del edificio de sus sueños en el terreno que había comprado. Tienda en Planta Baja, sastrería en Mezzanine, bodega y 3 pisos de apartamentos con todo y su elevador… la tienda más elegante de Villahermosa… la más grande, la más surtida… la más famosa!
Además de compartir su fortuna de diversas maneras, mi abuelo solía colocar un recipiente con dinero sobre el mostrador en su tienda para todo aquel que lo necesitara sin que tuviese que solicitarlo. Ese recipiente parecía no tener fondo pues mi abuelo no permitía que disminuyera la cantidad dentro del mismo. Formó parte importante en la Cámara Nacional de Comercio y fue miembro de honor en el Club Rotario donde, repetidamente, era nombrado Tesorero. Mi abuelo le dio trabajo a aquellos que eran discriminados por clase, discapacidad, raza o cualquier otra razón. Mi abuelo Saúl fue un hombre justo, sensible y bondadoso con propios y extraños. Fue un buen esposo, padre, abuelo y amigo.
Muchísimas personas - aún hoy día - se sienten afortunadas al haberle conocido o interactuado con él. Agradecen el haber tenido una casa, una finca, un negocio o pan sobre su mesa a él… a la bondad y la generosidad de Don Saúl.
Mi abuelo fallece un 29 de diciembre de 1960 como un gran hombre, no sólo ante su amada familia, sino en el ámbito de los negocios. Vivió como alguien que no podía cruzarse de manos ante las injusticias, un hombre que ayudó siempre a los necesitados sin pedir nada a cambio y que gustaba de disfrutar la vida al máximo. Fue un hombre profundamente querido y han sido muchos los que han extrañado su presencia.
No hace mucho, El Gobierno del Estado de Tabasco distinguió a mi abuelo con el nombramiento de una calle en Villahermosa. En su honor y su recuerdo. Una calle con el nombre de aquel amado y admirado hombre: Don Saúl Acosta Domínguez!
¡Qué gran ejemplo a seguir! |