A esta le llamaré impertinente APV… de esas que no saben guardar su distanciay que pretenden que tu tiempo y vida les pertenezca a toda costa.
Una tarde estaba yo con un cliente en plena sesión fotográfica. Trabajando. El tema era la magia y, por supuesto, habían globos, confeti, serpentinas, dulces y un niño - el modelo.
Resulta que esta impertinente APV toca mi puerta - ni siquiera recuerdo pa’ qué demonios - y se encuentra con lo que ella llama ‘fiesta’ por lo que resuelve reclamarme por no invitar a su hijo - de la edad del niño presente - a la fiesta!
¡Que alguien me expliqueee!
Mira, yo no estoy ‘obligada’ a invitar a nadie a ninguna parte nomás porque me conoce, right? Si no me pega la gana hacer algo… simplemente no lo hago, por más que sienta, ese alguien, que le debo la atención… el ‘tengo que’ no aplica en mi vocabulario.
Está por demás decirte que esta impertinente APV no escuchó razón alguna pa’ sacarle de su error. ¡Es APV! Simplemente decidió, en su ignorante y desorientada psique, que era fiesta.
Para una APV, si hay globos, confeti, dulces y ‘niños’ - ignorando el hecho que sólo había uno solo rodeado de lámparas, cámaras, rollos de foto y whatever - es fiesta! … y yo ‘tengo que’ invitarle… Sííí, necias a cual más!
Todos los días me confirman su incoherencia las APVs… es una detrás de la otra con esta gente.
Por supuesto que esta impertinente APV regresó minutos después, sííí… con su escuincle en mano, para que yo le tomara un par de fotos en la ‘fiesta’… ay, mira, cedí… para, valga la redundancia, llevar la fiesta en paz!
Eso fue entonces… cuando yo todavía no dominaba la técnica para quitarme de encima a las APVs… hoy, no cedo. Hoy le cierro la puerta en la nariz!
Mi pensamiento al respecto es:
Cuando digo que hoy no cedo… que le cierro la puerta en la nariz, me refiero a que no dejo que me importune… en aquel entonces me quedaba con sentimientos negativos hacia esa persona… hoy no… ay, como pa’ que?
Me encantaría poder hacerte saber que el poder está en tus manos. Yo lo sé… pero me encantaría que tú lo supieses también. Créeme cuando te digo que, si queremos vivir tranquilos y en paz, debemos darle por su lado a ciertas personas… y luego debemos sacarlas de nuestra mente para que no continúen mermando nuestra energía positiva y robándonos nuestro bienestar.
Debiéramos decir de repente -salvo cuando no implique callar ante un delito - “Ay, sí… ¿y qué?”...
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