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   la Víctima | desnuda tu alma  
             
 
 
 
 
 
¿Vacaciones? Sí, pero en el infierno!

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¿Alguna vez te ha pasado que, por más que haces, no quedas bien?

Esta APV está de risa… bueno, de risa hoy, porque el día que esto ocurrió la sonrisa se desdibujó de mi cara, verdad?

Resulta que mi maridín y yo, junto con toda la tropa de hermanas, maridos, sobrinos, amiguitos de los sobrinos, cuatro perros… o sea… todos… decidimos pasar las vacaciones en Cuerna.  

Y que se nos ocurre, por buena onda o estupidez temporal, agregar a unos ‘amigos’ al grupo.   Todo pagado.  Todo incluido y, por supuesto, con todo y escuincles...   y les llamo escuincles por la edad mental, no por la cronológica.

Ahí estábamos tranquilitos, disfrutando del solecito, la alberquita, las chelas y la botanita… el paraíso!  Cuando este grupo ‘añadido’ comienza a dar visos de APVísmo.

Yo lo hubiera entendido si sólo se hubiese tratado de APVísmo en sus hijos… impertinentes a cual más… pero no… nop… no!

Primero comenzaron los pleitos entre ellos.  Que si la camiseta y el sol.  Que si la botana y la hora de la comida - como aquello que en vacaciones el horario fuera importante - bueno… todo… todo era bronca entre ellos… desquiciante… intenso.

Uuhhmmm… nos trasladábamos a un estado ‘Zen’ el resto de nosotros los mortales… uuhhmmm.

Ok… eso no le gusta a una APV… mira, tu estado mental sí es importante para ella… siempre y cuando esté enfocado en ella… en nada ni nadie más!

Uuhhmmm… mientras confeccionábamos pulseritas con cuentitas e hilitos que habíamos comprado en México para pasar el rato y disfrutar de la paz y la tranquilidad en Cuerna… uuhhmmm.

Fue cuando comenzó a ‘repatriarse’ la atención de estas APVs de sus hijos… a nosotros, al resto de nosotros los mortales intentando, ecuánimemente, entrar en absoluto estado ‘Zen’.

Que si el desayuno era muy tarde.  Que si tenían que compartir baño.  Que si los perros poncharon una pelota de las ochenta que llevábamos de repuesto.  O sea… bla, bla, bla… ingeniándoselas para hacer todo lo posible por convertir las vacaciones en un verdadero infierno!

Bueno, hasta pa’ que los sobrinos salieran en la noche a divertirse fue un reverendo margallate con esta gente!   Un estilo de: ‘Si eso quieres tú… yo quiero lo contrario’.  Y lograron, finalmente, su cometido…  sacarnos de nuestro, casi logrado pero endeble, estado ‘Zen’… Uuhhmmm, no more!

Comienza la intriga cuando, a la mañana siguiente, la mamá APV llamó a mi maridín hacia la alberca para sacar a relucir su imaginario drama… mientras el resto de nosotros los mortales nos preparábamos, alegremente, para recomenzar nuestra confección de pulseritas… que te digo que no servían para otra cosa más que pa’ pasar el rato:

  •  “¿Viste cómo la hermana de tu esposa no me pela y me hace caras?” - comenzó, intentando meter cizaña, la mamá APV.
  • “¿Quién?” - preguntó, incrédulamente, mi maridín - “¿Ellaaa???, pero si ella es como Suiza!... pacífica y de buen carácter” - expresó apaciblemente.
  • “Sí… pero, tu mujer, no me ha hecho caso desde que llegué” - insistía la mamá APV al no lograr la tan buscada discordia con su comentario inicial.
  • “Pero si eres tú la que se la ha pasado acá” - contestaba tranquilamente mi maridín - “He oído cómo, una y otra vez, te han llamado para que te integres”.
  • “Sí… pero no me lo han dicho con ganas” - atina a decir la mamá APV.
  • “A ver… son vacaciones, relájate, disfruta y que cada quien haga lo que le pegue la gana… ni cómo ayudarte!... nada parece agradarte” - termina fastidiado mi maridín sin percatarse que su comentario va a enloquecer al conjunto de APVs.

Mi maridín, por supuesto, nos llegó a contar el chisme con pelos y detalles y arrepentidísimo de haber invitado al grupo de APVs. 

Al darse cuenta las APVs que estaban siendo objeto de murmuraciones a distancia, no resistieron la curiosidad y, acto seguido, estaban lindos y platicando y botaneando junto al resto de nosotros los mortales… pero… como el compartir ‘audiencia’ no se les da

  •  “Tan rico que estaríamos ahorita en Puerto Vallarta” - atina a decir el papá APV - recién salido de la alberca - al tiempo que se secaba con su toalla.

Aaarrrgghhh…. Tuve que morderme la lengua para no responder con un: ‘Pues lárgate a Puerto Vallarta, mi rey!’… nooo, si son todo un caso las APVs!  Nunca disfrutarán lo que tienen.  Siempre lloriqueando, siempre lamentándose y siempre sin medir el alcance de sus palabras.

Desestimando el hecho que no se habían acercado para nada hacia la mesa de la botana en toda la mañana, idearon una nueva protesta…  Que si ya no les habíamos dejado camarones.  Que si los churrumais tenían demasiada salsa.  Que el hielo estaba medio derretido.  O sea… el resto de nosotros los mortales, habíamos ido y venido, de la cocina al jardín, infinidad de veces para ir por más camaroncitos, más chelas, más whatever!... pero no una AVP… es como si todos estuviésemos ahí para servirles y reverenciarles!   Cero entusiasmo de su parte por pasarla bien y, encima, deseando estar en otro lado… Puerto Vallarta!

Para la hora de la comida decidimos que unas carnitas asadas, un choricito con quesito fundido y una salsita estarían de lujo, no?… sí, bueno… llegó la gota que derramó el vaso de mi maridín. 

El grupo de APVs decidió que se esperarían a comer cuando se vaciara una de las mesas del resto de nosotros los mortales.   Sí cabían.   No quisieron.  Dios les libre de quedarse sin ser el centro de atención.

Mi maridín, por llevar la fiesta en paz, decidió esperarse también para hacerles compañía y que, encima, no dijeran que los abandonamos.

Y ahí, tranquilamente, mi maridín estaba compartiendo cuando el papá APV deja caer la gota… que digo gota, gotota!:

  •  “Este chorizo esta amargo!” - dice el papá APV con disgusto.
  • “¿Amargo?” - pregunta inocentemente mi maridín - “Pero si está rico…” - dilucida con cara de ‘what’.
  • “Sí… amargo!!!” - repela el papá APV en un arrebato de desesperación y alzando la voz.

Aquí… en este instante y después del grito… mi maridín dejó la tolerancia a un lado y explotó:

  •  “Oye, es que nada te parece, nada te gusta!” - dijo mi maridín ya enfadado.
  • “¡Qué!... me estás corriendo!?” - deliberó el papá APV ante la respuesta de mi maridín y alzando todavía más la voz - “Porque si me corres… me voy!”
  • “Pues como vas!... ya me hartaste!... Vete!” - terminó exclamando, obviamente, mi maridín al tiempo que se paraba y señalaba hacia la puerta.

Y se fueron.  Y se llevaron toallas que ni eran de ellos.  Y la paz volvió.  Y el ‘uuhhmmm’ dejó de ser necesario. 

Sólo habían pasado 24 horas… sí… todo eso ocurrió en un lapso de, lo que parecieron eternas, 24 horas!  Uuhhmmm!  

Te digo que no soportan tu paz… porque a ellas, a las APVs, les esquiva… hagas lo que hagas… no quedarás bien NUNCA.  Tú… ¿hubieras soportado una semana en el infierno?

Mira, cuando tengas la duda de que alguien tiene problemas existenciales… o sea, que sea APV… mejor ni le invites… relájate y goza de tus vacaciones, y no permitas que nada, ni nadie, te las eche a perder… yo ya aprendí!  Preferible echarme una perorata de reclamaciones del porqué no invito, a tener que soportar… decisiones!  Solamente se trata de decisiones.

Historias asociadas: Una familia? Ajá, qué tal tres!, Si no me soportas... debo afligirme?


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